Compartiendo un momento cultural con el compositor y escritor
Mario Díaz y la poeta Evelyn Ramos.
Lugar: Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña.
Compartiendo un momento cultural con el compositor y escritor
Mario Díaz y la poeta Evelyn Ramos.
Lugar: Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña.
Puesta en circulación del libro Relatos de Haina, Mi
Batey, del autor Jhonás Guzmán Sánchez.
Lugar: Haina, municipio de la provincia San Cristóbal.
Educación
financiera
Tips
financieros
Manejo de las
finanzas personales en tiempos de crisis económica
Una crisis económica, es posible
que usted, directa o indirectamente, la haya vivido, la esté experimentando o
llegue a vivirla.
El impacto de las crisis en las
finanzas personales siempre dependerá de la situación económica en que nos
encontremos. La repercusión será según los ahorros, las deudas y los hábitos de
consumo.
Todos somos vulnerables durante un
periodo de crisis económica. Precisamente, en esos momentos el manejo de las
finanzas personales se debe basar en las prioridades, creatividad y paciencia.
En los momentos de crisis económica
es cuando podemos tener un diagnóstico más claro de nuestro manejo con el
dinero. En la bonanza no nos detenemos a observar los pequeños detalles, que en
la mayoría de las ocasiones pasan por desaparecidos, y son los causantes de
grandes crisis.
Las crisis económicas son parte de
la vida, y nadie se escapa de ellas. Lo bueno es que no son para siempre. Hay
tiempos de abundancia y tiempos de escasez. Algunas son provocadas por
nosotros, pero las mayorías son creadas otros.
Cuando superamos una crisis
económica, aprendemos mucho de la misma. Nos damos cuenta de que no se debe
jugar con el dinero, y que para lograr estabilidad tenemos que producir cambios
positivos en nuestros hábitos de consumo.
Lo ideal es evitar las crisis, pero
cuando estas se presentan, lo aconsejable es mantener la calma para reflexionar
y tomar buenas decisiones, que nos permitan ver la luz al final del túnel.
Alterarse no es la solución. Por el contrario, eso agrava más el problema,
porque nubla la mente. “Nunca te rindas”.
“La
clave del éxito financiero no está solamente en ganar mucho dinero, sino en
administrarse eficientemente”.
Por Andy Durán,
autor de los libros:
Educación
Financiera para la Vida.
Tú Puedes Lograrlo.
¡Inténtalo!
El
Camino del Emprendedor.
Amores
a Escondidas.
Si quieres saber quién es
Mundito…dale un carguito
Es muy conocido por todos el
refrán que dice “si quieres
saber quién es Mundito, dale un carguito”, el cual alude a
quienes sintiéndose elevados en poder son al mismo tiempo incapaces de medir el
daño colateral que pueda producir su voluntad, precisamente, de poder.
Hace poco
visité una oficina pública y allí fui testigo del maltrato que le fue dispensado
a una humilde mujer por un funcionario público de tercera categoría, viéndome
obligada a intervenir a su favor sin conocerla, pues no pude resistirme a la
idea de hacerle entender a ese otro “Mundito”, pues andan muchos por ahí, que
como funcionario público su actuación debe estar dirigida a satisfacer
necesidades de interés general, o sea de los administrados, y no a demostrar
quién es el jefe.
La
experiencia que antecede me motivó a hacer esta reflexión sobre la
idiosincrasia del “Mundito” dominicano, personaje al cual el poder lo hace
creer dueño y señor del universo, en perjuicio de la realización de los fines
del Estado. Y que conste que este análisis engloba a toda clase de funcionario
público.
“Mundito”
cuando accede al cargo cambia su carácter hacia la prepotencia sobre los demás
seres humanos. La prepotencia es la cualidad de sentirse poderoso, dominador de
quienes nos rodean. Este tipo
de personas no saben aceptar un NO por respuesta ante ninguna situación, aunque
parezca que están en capacidad de comprenderla, realmente casi nunca la
aceptan, ni tampoco que el resto de la gente no piense, ni sea como ellos. Por
lo general, “Mundito” queda atrapado en las redes de su prepotencia y se ha
dejado embriagar y obnubilar por su dulce aroma a “jefismo”.
Es una
situación penosamente común en la función y en el servicio públicos, cuando
debiera ser todo lo contrario, pues ha de suponerse que a la función pública se
va a servir y no a servirse, más aún cuando al asumirse una función pública, y
hasta privada, el asunto no se limita a demostrar quién es el jefe. Solo el
“hombre fáustico” tiene ese tipo de mentalidad.
Cada vez que
observo a un “Mundito” no puedo evitar remitirme a algunos libros que Dios ha
permitido que yo lea. En efecto, todo “Mundito” debe urgentemente leer el libro
de Spencer Johnson titulado “Quien se ha llevado mi queso” en la cual se
aprende a adaptarse a un mundo cambiante en el que nos mueven el “queso” sin
parar y en el que las personas de mentalidades posesivas terminan siendo los
perdedores. Mientras que en el pasado queríamos empleados leales, hoy
necesitamos personas flexibles que no sean posesivas con “la manera de hacer
las cosas aquí”. “A los
perdedores les afecta el cambio. Por el contrario, los ganadores son los que
generan y lideran los cambios”.
Por igual,
todo “Mundito” tampoco conoce, o por lo menos nada aprendió si lo leyó, de un
libro esencial, publicado en 1918: “La Decadencia de Occidente” de Oswald
Spengler, en el que su autor toma prestado el personaje de Goethe, que se llama
“Fausto”. Ese hombre era un sabio que un día se cansó del polvo de los libros y
de las soledades de las bibliotecas. Fue visitado por el Diablo encarnado por
Mefistófeles, quien le ofrece a Fausto devolverle la juventud, las ansias de
vivir, de conquistar los placeres del mundo y todas sus tentaciones a cambio de
un pacto, por el cual vende su alma y Fausto acepta.
De ahí que
surgiera la caracterización del “hombre fáustico” como aquel que sólo piensa en
el poder, sin reparar en el daño que esa voluntad avasallante de gloria, pueda
llegar a producir. Voy directamente a algunos de sus pasajes: Fausto declara…”no trato de
buscar la felicidad. Quiero el vértigo que ciega, los placeres que dañan, el
amor que participa del odio, el pesar que deleita”.
Sigue
diciendo Fausto…”Mi corazón
curado de la fiebre del saber, debe saborear toda clase de dolores; quiero
sentir todo cuanto los demás hombres han sentido; quiero experimentar, como
ellos, lo que tiene de sublime el gozo y el dolor; acumular en mi seno el bien
el mal”.
Más
llanamente hablando, “mundito” o “el hombre fáustico” se cree superior y
merecedor de lisonjas, pero no se da cuenta que allá donde va, acaba apestando
nauseabundamente, y para colmo de males, existen personas aduladoras y serviles
que los mantienen en el auto engaño, complaciéndolos pero en función de sus
propios intereses personales. Pero “Mundito” está tan borracho de poder que no
repara en esto último.
Sencillamente
“Mundito” está ciego porque lo quiere todo. Es insaciable. El vértigo lo
absorbe. No tiene otro objetivo que el placer, el éxito, la autosatisfacción.
Su ego, crecido por el poder que posee, lo coloca muy lejos de la frase
lapidaria pronunciada por John Fitzgerald Kennedy, trigésimo quinto Presidente
de los Estados Unidos, cuando conversando con un ciudadano le dijo: “No
preguntes qué puede hacer tu país por ti. Pregunta qué puedes hacer por tu
país”.
Frente a ese
panorama “mundito el fáustico” que se ha elevado en la soberbia y la
prepotencia, tarde o temprano habrá de encarnar a la ley de la gravedad que se
resume en: todo lo que sube tiene que bajar. Y cuando llega ese momento cabría
que “Mundito” se preguntara: ¿Y ahora qué?
Fuente: Si quieres saber quién es
Mundito…dale un carguito | Acento
El cuento de la vasija agrietada
Había una vez… un viejo campesino que cada
día andaba largos kilómetros para recoger agua de la fuente más cercana y
transportarla a sus allegados. El hombre caminaba cada día portando en sus
hombros dos vasijas, apoyadas sobre un palo.
Las vasijas,
al igual que él, no eran inmunes al paso de los años, y también
habían ido envejeciendo y deteriorándose
con el paso del tiempo.
Una de las vasijas había resultado más
castigada con los continuos viajes del hombre y hacía tiempo que se había
agrietado,
lo que hacía que perdiera cada vez más agua en los trayectos. Cierto día, la
vasija agrietada le dijo al hombre:
– No sé si te
has dado cuenta de que hace ya un
tiempo que tengo grietas y que no sirvo para mucho… Mientras la
otra vasija hace largos y largos kilómetros llevando toda la cantidad de agua
que le echas yo, sin embargo, pierdo cada día más de la mitad del agua por el
camino. Creo que lo mejor para ti sería que me abandonaras y me cambiaras por
otra vasija que hiciera la labor que tú te mereces.
El valor de la
imperfección
El hombre se
paró, dejó con delicadeza las vasijas en el suelo y le dijo a la vasija
agrietada:
– ¿Tú te has
podido fijar en lo que ha pasado desde que te empezaste a agrietar hasta la
fecha de hoy? ¿Te has fijado en el camino que juntos
hacemos cada día?
La vasija se
quedó pensativa por un momento y, resignada, contestó:
– No, yo solo sé
que no sirvo para nada pues no soy capaz
de hacer la única función que se supone tengo que hacer. De verdad,
pienso que deberías cambiarme por otra.
El hombre la
miró fijamente y le dijo a la vasija:
– Escucha
atentamente, vieja amiga. Cada día, desde que te empezaste a agrietar por el
lado derecho de mi hombro, por todo el
camino que juntos recorremos, planté unas semillas, que como
podrás comprobar no solo me alegran el paseo cada día con los colores y olores
que desprenden las plantas, sino que además han dado sus frutos y me permiten a
mí y a otros recogerlos y llevar alimentos a nuestras familias. ¿Y gracias a
qué? ¿Sabes a qué? Gracias al agua que tú misma has ido derramando por el
camino. Debes estar orgullosa de lo que eres.
Fuente: EL CUENTO DE LA VASIJA AGRIETADA - Kamira
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